jueves, 27 de mayo de 2010

REFLEXIONES SOBRE LA VIDA Y EL TIEMPO

ABANDONO DE LA TERCERA EDAD

Introducción.

El tema del abandono de la tercera edad es muy extenso y poco tratado, por ello es importante aclarar que en este pequeño texto solo se presenta un esbozo del mismo pero con miras a un mayor desarrollo y con la intensión de provocar en los lectores su investigación, ubicándolo su estudio como punto estratégico en la búsqueda del bienestar humano, la propensión por la su dignidad y el importante lugar de la tercera edad en la conformación de una sociedad ética e incluyente.

Objetivo general.

Esbozar el problema social del abandono de la tercera edad a partir del contexto social y cultural de Bogotá Colombia, dimensionando las particularidades de esta etapa de la vida humana.

Objetivos específicos.

- Definir y entender bien el abandono de la tercera edad como un problema social.
- Descubrir las potencialidades y el lugar del anciano en la sociedad.

Problemática Social.

Para definir el problema de abandono de la tercera edad es necesario aclarar que no es un tema muy reseñado, por lo cual intentaré elaborar un esbozo a partir de algunas lecturas.

El abandono de la tercera edad puede ser entendido como un problema de exclusión social, en donde el anciano es considerado como “obsoleto”, por ende es excluido y desamparado a su suerte sin compasión alguna, ni preocupación por su estado personal (psicológico, físico, socio-cultural y político). De este modo sus relaciones interpersonales con otros miembros de la comunidad social se van rompiendo y van quedando relegados en la soledad y el abandono. Así es desechado y desaprovechadas sus experiencias las cuales pueden constituirse como fundamento ético y moral en la dinámica social y sus participantes.




Justificación.

Debido a la poca relevancia dada al tema del envejecimiento y del trato a las personas de tercera edad, me surgió la inquietud sobre su cotidianidad, su calidad de vida y los aportes que pueden brindar estas personas a la sociedad.

Otra razón que suscitó este estudio fue la cercanía reciente con ancianos, conociendo algunas de sus inquietudes que provocaron en mi mucha curiosidad sobre sus pensamientos y concepciones del mundo, después de todo han vivido procesos que no hemos alcanzado a dimensionar, más en un contexto histórico como el nuestro (Colombia); y muchos otros que nos ayudarían a comprender las dinámicas nuevas de relaciones sociales que han dado un giro total a partir de los avances científicos y las nuevas ideas filosóficas que rondan en el inconsciente social (todo esto desde su componente histórico); y por medio es estas cosmovisiones y experiencias particulares que han permitido la evaluación de la vida y sus valoraciones, identificar la gran importancia de incluir los ancianos en la sociedad cambiante y en constante movimiento.

Metodología.

A partir de la consulta de libros y artículos, y análisis interpretativo de entrevistas a personas de la tercera edad; estructuro en este pequeño texto un esbozo de la problemática, una valoración sobre las potencialidades de la ancianidad, su legitimidad dentro de la dinámica social, y la articulación de la evaluación del contexto social y cultural bogotana con el estereotipo del anciano como causa de su exclusión.

Marco Teórico.

Los ancianos no son excluidos y/o abandonados en todo el mundo. Existen culturas en donde hay una gran acogida de ellos, y sus saberes y experiencias son de gran valor para la comunidad, como por ejemplo, en las culturas indígenas y en algunas orientares. Veamos ahora nuestra cultura bogotana; o más bien el pensamiento que ha “homogenizado” muchas sociedades e incluido en ellas nuevas formas de vivir basadas en el individualismo y el consumismo. En esté contexto social el abandono de la tercera edad sí se ve marcado de manera explícita y se da como exclusión social, junto con otro grupos sociales (LGBT, etc.).

¿Por qué digo que el abandono de la tercera edad es exclusión social? La exclusión social es entendida como la “fractura de lazos sociales”; o en el contexto de la sociedad Capitalista, como “una acumulación de procesos concluyentes con rupturas sucesivas que, arrancando del corazón de la economía, la política y la sociedad, van alejando e interiorizando a las personas, grupos, comunidades y territorios con respecto a los centros de poder, los recursos y los valores dominantes” (Carranza. 2008. Pág. 46), es decir, son acciones de parte de los poderes dominantes que influyen en la manera de vivir y actuar de los “dominados” haciendo que interioricen sus normas y valores sociales basados en el consumismo e individualismo y que, si no cumplen con los requisitos para pertenecer a la gran familia homogenizada, no pueden accionar en medio de ella.

Es esta la situación de la tercera edad en Bogotá. Sabemos que la ideología dominante es el capitalismo y que por su condición física los ancianos no pueden ser productivos en la sociedad y se constituyen como un estorbo. Ahora, esto acarrea muchísimos problemas a estas personas. Problemas psicológicos al ver que no son tomados en cuenta, y también el afrontar los cambios provocados por los años y el deterioro de su cuerpo impide realizar muchas de las cosas que antes hacían. Las personas que movían sus vidas, es decir, por las cuales vivían, ya no están, sus hijos se han ido. Su tiempo libre es mucho y poco el quehacer para ocuparlo.

Ahora bien, no hay claridad en la sociedad civil, en la academia, ni en los organismos políticos, en lo que se entiende como vejez, lo cual se diferencia de envejecimiento. El envejecimiento es un proceso natural de paso del tiempo; “el envejecimiento individual es un proceso de cambio permanente que comienza con la vida y termina con la muerte; equivale a vivir cada día más tiempo. Depende de condiciones tanto genéticas como ambientales, y se relaciona muy particularmente con el contexto histórico, económico, político y socio-cultural en el que se vive; así como con los comportamientos individuales, familiares y sociales”. (Dulcey-Ruiz, Mantilla, Carvajal, Camacho. 2004. Pág. 18). Por otra parte, la vejez es entendida como “la fase final del proceso de envejecimiento. Equivale a vivir muchos años, en comparación con otras personas del mismo grupo poblacional,… Se considera la edad de 65 años como iniciación de la vejez en países mas desarrollados; y la de 60 como su inicio en países en desarrollo”. (Dulcey-Ruiz. 2004. Pág. 18).

¿Pero por qué es importante hablar de estos conceptos? Porque ¿Cómo podemos entender su importancia en la sociedad y así proponer políticas y/o iniciativas para la mejora de la situación de la vejez sin tener claro que significa esto y que cosas acarrea?. Aunque estos conceptos son sacados de textos del gobierno, no se tienen en cuenta, las potencialidades y características de esta, los anhelos y deseos que los ancianos tienen, expresados por ellos mismos.

Las políticas públicas que se han generado para la tercera edad están basadas en derechos propios de este grupo poblacional, los cuales reconocen su condición e intentan proponer soluciones a ellas por medio del reconocimiento de los mismos. Sin embargo, existen potencialidades en los ancianos de las cuales no hay usufructo y que permitirían una vida más digna y acogedora para ellos y aún para la sociedad en general.

Hay que entender que este problema de exclusión se da en varias dimensiones, familia y sociedad. “Los seres humanos constituyen hoy meros generadores de unas plusvalías o rentas que son estimadas fríamente de acuerdo con una contabilidad de la que desaparece todo perfil de humanidad. Lógicamente en un medio social de tal carácter el anciano deviene un objeto claramente inservible, no tiene valor alguno en un mundo que maneja objetos útiles y rentables de acuerdo con una rentabilidad y una utilidad que se miden y pesan con una óptica económica de cosas materialmente poseídas” (Álvarez-Solís. 2000. Pág.68). Por otro lado, en la familia, ya que se han infiltrado por medio de la cultura los principios del individualismo presentándose como libertad, y trayendo consigo el discurso de “mi libertad termina donde empieza la libertad del otro” sin tener en cuenta espacios colectivos. “El anciano vive de la libertad común, necesita del otro para estar ahí y constituye una petición constante de colectividad activa,… El problema de ubicar al anciano en un hogar donde cada miembro de la familia espera que el otro no invada su aire deviene complicado de resolver…. Realmente cualquier proyecto de viaje, cualquier iniciativa de reunión, cualquier intento de actividad social que implique número, confluencia o grupalidad, es desechado con frecuencia a cuenta de la presencia del anciano y de las atenciones que exige y que curiosamente, nunca parecen ser contempladas en el proyecto o propósito que se frustra” (Álvarez-Solís. 2000. Pág.70).

Ahora bien, existe también una concepción del anciano en la cual, en el contexto cultural capitalista, es considerarlo como inútil e improductivo, sin capacidad de razonar y dar buenas opiniones que contribuyan al desarrollo comunal, son un estorbo porque no pueden hacer nada, tienen dificultades de adaptación a las nuevas formas de vida basadas en las tecnologías. Es un estigma ser anciano.

Cuando una persona es estigmatizada, lo que pasa allí es que el estigma se materializa, es decir, todas las cualidades de la persona se desdibujan y su identidad pasa a ser el estigma, esto quiere decir que tanto los “normales” como el estigmatizado asumen y reproduce los elementos que conforman ese estigma y pasan a actuar en consecuencia con esto.

Continuando, existe el estereotipo: El anciano como “acumulación de sabidurías y virtudes, desde la prudencia a la templanza” lo cual constituiría al anciano “en presunto eje de la vida social, a la que aporta valores como los que acabo de referir” (Álvarez-Solís. 2000. Pág.34). Sin embargo este estereotipo no se ve manifestado con frecuencia, sino que se ha reemplazado al anciano por el viejo, un nuevo término que se ve referido a la decrepitud, y al deterioro de una persona como tal (no solo su cuerpo sino la conexión de su cerebro, su razón y su alma) estigmatizando a la persona. Lo viejo hace alusión a la avería y la pérdida de valor, lo que pasaría a convertir el estereotipo de anciano en el estigma de viejo. Cabe resaltar que en el contexto de la sociedad colombiana, capitalista y demás el que prima no es el primero.

Ahora bien, la psicología social aplicada, que estudia las influencias existentes en la sociedad y tiene en cuenta elementos tan prácticos de la vida social, puede presentar una alternativa al problema de exclusión social aquí presentado por medio del estudio y la planeación de estrategias de inclusión social en donde se refuerza el estereotipo positivo del anciano basado en develar la vida social como algo cambiante y de ciclos vitales los cuales interactúan en consonancia con el tiempo las dinámicas sociales, culturales, económicas, políticas, filosóficas, tecnológicas, científicas y el sin fin de dimensiones de la vida humana y sus aledaños.

Esto pasaría a dar importancia al anciano como agente relacionado directamente con las concepciones de la vida cotidiana y en sí la vida humana cargadas de experiencias vitales que a su vez traen consigo las valoraciones, evaluaciones experiencias, relaciones causa-efecto y un sin número de elementos que pueden traerse a colación que contribuirían a mejorar las relaciones humanas tanto entre personas de la tercera edad, de ellas con otros grupos poblacionales (mujeres, niños, jóvenes, etc.) y en consecuencia con esto, entre toda la sociedad y población, población con población, cultura y cultura, etc.

Toda esto habla de la dimensión ética de la vida y cómo los ancianos por su carga empírica, transmiten y hacen reflexionar y socializar nuevas generaciones fundamentadas en el valor de la existencia. Esto es; y termino con esta idea:

“El viejo constituye una invitación constante a la práctica de las virtudes morales que ha de suscitarnos el espectáculo de una historia vivida en sus años; una historia a la que todos nosotros pertenecemos… El espectáculo de la vejez remueve – malo si no es así- la necesidad de que nuestra existencia tienda a fundamentarse no en el puro discurso racional, hecho de rentabilidades epidérmicas, sino en una serie de emociones que dan a la vida colectiva una nobleza y una elevación indudables… Lo racional no es más que un proceso ordenador de los datos que nos dictan las emociones”.

“Recuperar al viejo y a la vejez como incitadores morales para la rica invitación a la asistencia –que tanto enseña y explica- y como dinamizadores de una concepción ética de la vida social, constituye una tarea urgente encaminada a conseguir la reconstrucción de la sociedad como un todo coherente y con una proyección trascendente”.
(Álvarez-Solís. 2000. Pág.36,37,38)


La vida es un sin fin de dudas, respuestas, reflexiones y relaciones que las reflejan. ¿Quién más si no alguien que ha pasado largos años sobre ella podrá darnos algunas brochadas de lo que podemos aprender, evitar, amar, juzgar…?



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BIBLIOGRAFIA



- Carranza Pulido, William Andrés. (2008). Saberes y Sabores Construyendo procesos de inclusión social. Bogotá D. C. Diseño E Publicidad. Alcaldía Mayor de Bogotá, Secretaria Distrital de Integración Social. Bogotá Positiva.
- Alcaldía Mayor de Bogotá. (2000). Hacia una política integral para la vejez. Bogotá.
- Dulcey-Ruiz, Elisa; Mantilla, Graciela; Carvajal, Luz Mery; Camacho Guillermo. (2004). Envejecimiento Comunicación y Política. Bogotá. Ministerio de comunicaciones.
- Romero Conti, Alfonso. (1985). La fuerza de la vejez. Bogotá. Colombia nueva.Ltda.
- Álvarez-Solís, Antonio. (2000). Jóvenes de corazón. La utilidad de la vejez. Bogotá. Ediciones Martínez Roca.
- Apuntes de Clase.
- Entrevista Señora Margarita de 93 años usuaria del Comedor Comunitario Cundinamarca (donde se crean tejidos de inclusión social). Abril 28 de 2010.

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